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Soy un Jóven de 22 años,nacido en el partido de Escobar, prov. de Bs. As., Argentina. Mis padres son del litoral argentino, mi madre, Norma I. Villanueva de Misiones y mi padre, ya difunto, Ramón Rios de Corrientes. Provengo de una familia numerosa, somos siete hermanos, y tengo trece sobrinos, a los que quiero mucho. Realicé mis estudios primarios y secundarios (polimodal) en instituciones públicas de Ing. Maschwitz, partido de Escobar (EGB N° 32; EEMN°4). Luego de haberme tomado "un año sabático", realicé entre los años 2007 y 2008 un profesorado de Filosofía. Y hoy estudio Teología en la UCA. Actualmente Trabajo con Adolescentes y Jóvenes, por este motivo me interesa el tema de la educación, no meramente como un instrumento que se utiliza para adquirir contenidos conceptuales, sino también para adquirir ciertos valores, con el fin de que el hombre pueda desarrollarse de forma libre y autónoma.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

“LA VOCACIÓN DEL ALUMNO”



Finalmente voy a entrar en un tema vital en la vida del alumno, que es la “vocación”, algo que muchos de nuestros jóvenes no se plantean, y que es de suma importancia para que logre la plenificación personal, veamos valiéndonos del capítulo II “LA MEDIACIÓN DEL OTRO” del ensayo filosófico de Hector Mandrioni, titulado “la Vocación del Hombre”, la importancia que tienen los docentes, y cualquier adultos, a la hora de que los alumnos disciernan su vocación. Como ha dicho el mismo Mandrioni en el prólogo de la primera edición de su libro, Estas reflexiones quieren ser un pequeño aporte, a todos aquellos que se hallan empeñados en promover la interioridad en el hombre actual. Un aporte a todos aquellos educadores que luchan para que no se imponga tiránicamente al hombre su meta vital, sino que pretenden educarlo para que desde sí, en libertad, asuma su vida en la forma de un” ideal”.
Ahora bien, rescatemos algunas reflexiones de Mandrioni:
El alumno como persona que es, no le ha sido dado de ante mano todo su potencial desarrollado, sino que obra en el vasto horizonte de las posibilidades ilimitadas. La realidad que lo circunda se le manifiesta como “novedad”, “imprevistos”, “opciones”, o sea, como configuraciones originadas en la comprensión del mundo y las personas.[1]En consecuencia cualquier opción que tome adquiere una posibilidad de riesgo de fracaso. Además se ve ante el mundo con un cierto “desamparo”, no se siente cuidado por su entorno. [2]
Sin embargo la realidad nos muestra otra cosa, el hombre es un ser en relación, ese amparo no le está dado por su entorno natural, o por una naturaleza instintiva, sino que ese auxilio, esa ayuda, le está dado por un “tú”, que es su prójimo, el que tengo al lado quién le proporcionará su ayuda. A diferencia de otros pensadores, como es el caso Leibniz, nosotros no vemos al hombre como una mónada cerrada, por el contrario, el hombre es un ser vinculado, y solamente por este camino “llegará a su perfeccionamiento”.[3]
En el plano del conocimiento también podemos vislumbrar que necesitamos la mediación del otro, por lo contrario no podríamos sin los demás crecer en sabiduría, adquirir conocimientos que vayan desplegando las potencialidades del espíritu humano. Además para que la persona pueda llegar a conocerse a sí misma, es necesario que perciba a un objeto distinto de sí misma “El “otro” se convierte en el mediador por el que el espíritu puede volver sobre sí, a fin de coincidir consigo mismo en el acto de la “reflexión perfecta.”[4]
Cada realidad que entra en contacto con la persona, ésta la percibe como “signo” o “palabra”, cada cosa es portadora de un mensaje que la persona, pero solo ese mensaje será escuchado por aquella persona que esté en una actitud de vigilancia y atenta, si vive distraído y no se deja interpelar por la palabra que le quiere transmitir cada circunstancia, cada suceso o cada cosa no podrá aprovechar lo que lo “otro” le quiere aportar para su propia plenificación personal. Todo este ida y vuelta, este intercambio entre el yo personal y “el otro o lo otro”, debe ir acompañado también de “una actitud interior de entrega, confianza, veneración y expectación.”[5]
Así la vocación se irá realizando mientras que este yo germinal, que es la persona, absorba en sí todo el material que le puede aportar la experiencia del contacto con la realidad.
Hay un tema muy importante, en lo concerniente a la mediación del otro en mi realización a través de la vocación personal, que es el tema del “modelo”, en primer lugar podemos señalar que el primer modelo que recibimos es cuando somos niños, que es la “díada”, “padre-madre”, es sin dudas el modelo que nos grava a fuego. “¡cuántos rasgos de la vida humana adulta no siguen hablando aún el lenguaje arcaico de las primeras vinculaciones con el padre y con la madre!”.[6]
En segundo lugar, están aquellas personas que a lo largo de nuestra historia personal han influido, han sido referentes para nuestra ir formando nuestra propia vocación. Esto nos llama a “tomar conciencia de esta responsabilidad para con los demás, la responsabilidad de experimentarse, consciente o inconscientemente, el llamado a ser un elemento mediador para el porvenir del otro. Tenemos que tomar distancia respecto del yo mezquino y egoísta.”[7] Es de suma importancia que nos demos cuenta que tenemos la responsabilidad de ser modelo para el otro, a éste no le es indiferente si uno vive o no “los valores superiores”[8], nuestro ejemplo es “una acción directa, eficaz y orientadora.[9]


[1] Cfr. HECTOR D. MANDRIONI, La Vocación del Hombre, ensayo filosófico. Ed. Guadalupe. Buenos Aires, 2009. Pág. 37
[2]Cfr. Ibidem
[3] Ibídem Pág. 38
[4] Ibídem
[5] Ibídem Pág. 39
[6] Ibídem Pág. 52
[7] Ibídem
[8] Ibídem
[9] Ibídem


viernes, 24 de junio de 2011

Jóvenes discipulos


Les quisiera compartir unas palabras del reciente beato, Juan Pablo II, quien ha escrito a lo largo de su vida sobre muchos temas, en este caso nos hablará de la catequesis dirigida a los adolescentes y jóvenes, sí leíste bien, la catequesis no es solo para los niños sino que no tiene edad límite, incluso un adulto podría recibirla.   Pero que significa la palabra “catequesis”, es preciso que lo aclaremos para evitar confusiones. Dice Juan pablo II, que “se  llamó catequesis al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo.”  Como se ve aquí no se nombra en ningún momento que estos tienen que ser niños, sino que habla de hombres genéricamente, es decir, sin hacer distinción entre varón y mujer, niño y viejo, joven y adulto, sino que la catequesis es destinada a todos aquellos hombres que tienen fe en Jesús y quieren seguirlo. Ese seguimiento para la Iglesia se llama “discipulado” que no es que tiene un límite, o mejor dicho su límite es nuestra muerte, es decir, toda nuestra vida. Cristo tiene muchas cosas que enseñarnos con sus ejemplos y palabras, y además no sólo es una simple imitación de él sino que también quiere transformarnos interiormente así nos parecemos más a él, y esto lo hace con su gracia, que es un regalo que él nos da, y como dice la Biblia en Romanos 9, 16 “Todo depende no del querer o del esfuerzo del hombre, sino de la misericordia de Dios”. Bueno dejémonos amar por este amor de Cristo que nos renueva y perdona. Ahora sí, escuchemos a SU SANTIDAD
JUAN PABLO II

Adolescentes

38. Luego vienen la pubertad y la adolescencia, con las grandezas y los riesgos que presenta esa edad. Es el momento del descubrimiento de sí mismo y del propio mundo interior, el momento de los proyectos generosos, momento en que brota el sentimiento del amor, así como los impulsos biológicos de la sexualidad, del deseo de estar juntos; momento de una alegría particularmente intensa, relacionada con el embriagador descubrimiento de la vida. Pero también es a menudo la edad de los interrogantes más profundos, de búsquedas angustiosas, incluso frustrantes, de desconfianza de los demás y de peligrosos repliegues sobre sí mismo; a veces también la edad de los primeros fracasos y de las primeras amarguras. La catequesis no puede ignorar esos aspectos fácilmente cambiantes de un período tan delicado de la vida. Podrá ser decisiva una catequesis capaz de conducir al adolescente a una revisión de su propia vida y al diálogo, una catequesis que no ignore sus grandes temas, —la donación de sí mismo, la fe, el amor y su mediación que es la sexualidad—. La revelación de Jesucristo como amigo, como guía y como modelo, admirable y sin embargo imitable; la revelación de su mensaje que da respuesta a las cuestiones fundamentales; la revelación del Plan de amor de Cristo Salvador como encarnación del único amor verdadero y de la única posibilidad de unir a los hombres, todo eso podrá constituir la base de una auténtica educación en la fe. Y sobre todo los misterios de la pasión y de la muerte de Jesús, a los que san Pablo atribuye el mérito de su gloriosa resurrección, podrán decir muchas cosas a la conciencia y al corazón del adolescente y arrojar luz sobre sus primeros sufrimientos y los del mundo que va descubriendo.

Jóvenes

39. Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Ayudado tal vez por los miembros de su familia y por los amigos, mas a pesar de todo solo consigo mismo y con su conciencia moral, el joven, cada vez más a menudo y de modo más determinante, deberá asumir su destino. Bien y mal, gracia y pecado, vida y muerte, se enfrentarán cada vez más en su interior como categorías morales, pero también y sobre todo como opciones fundamentales que habrá de efectuar o rehusar con lucidez y sentido de responsabilidad. Es evidente que una catequesis que denuncie el egoísmo en nombre de la generosidad, que exponga sin simplismos ni esquematismos ilusorios el sentido cristiano del trabajo, del bien común, de la justicia y de la caridad, una catequesis sobre la paz entre las naciones, sobre la promoción de la dignidad humana, del desarrollo, de la liberación tal como las presentan documentos recientes de la Iglesia,(88) completará felizmente en los espíritus de los jóvenes una buena catequesis de las realidades propiamente religiosas, que nunca ha de ser desatendida. La catequesis cobra entonces una importancia considerable, porque es el momento en que el evangelio podrá ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la vida y, por consiguiente, de inspirar actitudes de otro modo inexplicables: renuncia, desprendimiento, mansedumbre, justicia, compromiso, reconciliación, sentido de lo Absoluto y de lo invisible, etc., rasgos todos ellos que permitirán identificar entre sus compañeros a este joven como discípulo de Jesucristo.

La catequesis prepara así para los grandes compromisos cristianos de la vida adulta. En lo que se refiere por ejemplo a las vocaciones para la vida sacerdotal y religiosa, es cosa cierta que muchas de ellas han nacido en el curso de una catequesis bien llevada a lo largo de la infancia y de la adolescencia.

Desde la infancia hasta el umbral de la madurez, la catequesis se convierte, pues, en una escuela permanente de la fe y sigue de este modo las grandes etapas de la vida como faro que ilumina la ruta del niño, del adolescente y del joven.

Adaptación de la catequesis a los jóvenes

40. Es consolador comprobar que, durante la IV Asamblea general del Sínodo y a lo largo de estos años que lo han seguido, la Iglesia ha compartido ampliamente esta preocupación: ¿Cómo impartir la catequesis a los niños y a los jóvenes? ¡Quiera Dios que la atención así despertada perdure mucho tiempo en la conciencia de la Iglesia! En ese sentido, el Sínodo ha sido precioso para la Iglesia entera, al esforzarse por delinear con la mayor precisión posible el rostro complejo de la juventud actual; al mostrar que esta juventud emplea un lenguaje al que es preciso saber traducir, con paciencia y buen sentido, sin traicionarlo, el mensaje de Jesucristo; al demostrar que, a despecho de las apariencias, esta juventud tiene, aunque sea confusamente, no sólo la disponibilidad y la apertura, sino también verdadero deseo de conocer a «Jesús, llamado Cristo»;(89) al revelar, finalmente, que la obra de la catequesis, si se quiere llevar a cabo con rigor y seriedad, es hoy día más ardua y fatigosa que nunca a causa de los obstáculos y dificultades de toda índole con que topa, pero también es más reconfortante que nunca a causa de la hondura de las respuestas que recibe por parte de los niños y de los jóvenes. Ahí hay un tesoro con el que la Iglesia puede y debe contar en los años venideros.

Algunas categorías de jóvenes destinatarios de la catequesis, dada su situación peculiar, postulan también una atención especial.
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html

lunes, 30 de mayo de 2011

"La hermosura de la cebolla"

Hoy quisiera compartirles un cuento oriental, que servirá para nuestra reflexión personal, veamos el valor que deben tener para nuestra vida las virtudes humanas:
"Se observó en aquel pais oriental que nacian cebollas especiales, cada una de un color, de un brillo y de irradiaciones propias.
Ante tal rareza, se empezó a investigar, y se descubrió que cada cebolla encerraba en su corazón una "perla", causa de sus bellos colores y radiaciones.
Esta "coqueteria" de las cebollas causo gran envidia, y éstas tuvieron que renunciar a su vistosa ornamentación.
Pasó un sabio, que dialogó con las cebollas, y a todas preguntó: ¿porque bajo tantas capas ocultan lo más bello de su ser?.Todas contestaron que las habían obligado a este rigor, heché hasta diez capas hasta sentirme segura contestaron algunas."
¿Seremos los seres humanos capaces de hechar tantas capas como las cebollas para proteger el tesoro de nuestra moral cubriendolas con capas de virtudes humanas, que maravillen por su bello y espléndido colorido?, ¿seremos capaces de que no hagan que renunciemos a ofrecer esa belleza de las virtudes humanas al mundo?.

lunes, 18 de abril de 2011

Ayudar a crecer en libertad

Libertad... uno de los anhelos más profundos del hombre.
En primer lugar ¿Podremos alcanzar una plena libertad por la educación? seguramente que sí, si entendemos educación, como aquella labor por la que se hace florecer todo el potencial humano, no solo llenar al alumno de contenido, y nada más. La educación implica una donación del docente. El docente debe saber educar con su vida también, implica un acompañamiento. Realmente la docencia es toda una vocación, y no es para cualquiera.
El hombre no es sólo cerebro al que hay que suministrar información, sino que éste tiene una historia, surgió de una familia, también este "alumno" el día de mañana tendrá que enfrentar al mundo, formar una familia, desenvolverse en la vida, y necesitará de elementos, de fuerzas interiores que le ayuden a cumplir sus objetivos, a esas fuerzas interiores se las llamará virtudes, pero ¿qué son las virtudes?, como se dijo son fuerzas o energías interiores, que nos ayudan en nuestro actuar, para que sea más libre. Lo opuesto a las virtudes son los vicios, y aquí no me refiero a fumar o beber excesivamente, aunque tienen que ver con los vicios, pero en el sentido que son consecuencias de ellos.
Ahora bien, la virtud no se adquiere mágicamente, de un día para el otro, sino que implica un camino. La virtud es un hábito, es la repetición de actos. Luego esos actos quedarán fijos en nosotros, y permitirá un actuar mucho más pleno, mucho más libre. En cambio el vicio también es un hábito, pero totalmente opuesto a la virtud, no nos plenifica sino que nos vuelve esclavos, y es lo que menos queremos ser. A modo de iluminación recurriremos a una imagen que nos dejó uno de los filósofos griegos más importante, el cual marcó profundamente a la filosofía, se trata de Platón, él nos ofrece una Alegoría llamada "Alegoría o mito de la caverna", ésta se encuentra en su obra "La República", este filósofo nos muestra como unos hombres viven en una caverna oscura de espalda a la entrada solo ven sombras, éstos hombres están atados con cadenas, su única realidad es la caverna. Uno de los hombres logra escapar, y descubre que hay una realidad mejor y que la caverna solo era la "sombra" de aquella. Luego en lugar de quedarse y guardarse para si mismo lo que había encontrado, decide volver para ayudar a sus hermanos que se encuentran en las sombras, y contarles que hay una realidad más plena. Pero ¿a qué viene este relato? El relato muestra de una forma metafórica la imagen del docente que es el hombre libre, el cual habiéndose liberado de sus esclavitud ayuda a aquellos que todavía siguen siendo esclavos de sus vicios. Pero atención, el hombre del relato termina siendo asesinado por los hombres de la caverna, esperemos que esto no ocurra en la realidad, aunque  sí el docente debería aprender a morir así mismo en cada clase, dar su vida por el ideal de ver a sus alumnos crecer en libertad, en autonomía.

Aquí se les adjunta un vídeo donde podemos ver el relato. Disfrutenlo.